Imprudente desvelo que invade mi noche
y me trae a la memoria un tiempo pasado.
Quitandole su hora a mis sueños gastados.
Me trae algo que hace ya mucho tiempo fue,
lo trae hoy a mis recuerdos, renaciendolo nuevamente.
Es que nada acaba, nunca, mientras yo lo piense nuevamente.
O vos, o alguién.
Mientras exista un alma que lo llame a su presente,
nada puede culminar.
Tiempo, lastimoso alquimista,
que con tu tiranía gobiernas.
Con certera infinidad avanzas en el reloj.
Segundos que se pierden en el pasado,
que viajan incandescentes por el universo de la memoria.
Extraños recuerdos perdidos, sensaciones olvidadas,
renacen en alguna madrugada y reviven aquel amor.
Extraño tiempo, efímero y eterno,
nos quita momentos en tan solo instantes
y nos brinda un mundo donde todos nuestros instantes
nos esperan, pacientes, cautelosos.
Esperando ser llamados a la memoria.
Aguardando que un desvelo imprudente invada nuestras vidas.
Hoy el reloj no marca esa hora.
El almanaque dice que ese tiempo ya fue.
Pero esta noche vuelvo a conocerte,
y mis ojos se iluminan, como aquella vez...
sábado, 22 de marzo de 2008
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